lunes, 26 de octubre de 2009

XV-

El corte transversal
de los cielos cotidianos
superpone hábitos y gentes
sin nobles antecedentes.
Los rostros sin pulso,
los ojos idos, temerosos,
el encuentro postergado
es solo un café.
Es solo estar
mordiendo el tiempo,
la urbana mueca
de los apurados
es sintetizar el mundo
en la mesa.
Así, este mundo,
pierde el horizonte,
el infinito,
las promesas del regreso
y el descubrimiento.
El café es el mismo de siempre.

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