viernes, 18 de febrero de 2011

FRAGMENTO DE NOVELA EN PROGRESO

Entronizo el cuerpo flaco en el altar de la cocina, el sol destilaba oro por un hueco de la pared sobre su pecho, él abrió el manto para ver los dos pétalos santos al aire de la belleza. Podía consagrar el mundo, con todas sus revueltas y tragedias, con toda su tragicómica ingenuidad, con su vida latente y rebanada a los pocos pasos y lograr redimirlo en esa imagen. Golpeó la pared de adobe para incensar el recinto con la tierra vieja y testigo de tanta historia, pero que jamás habría visto este momento cercano a los misterios de la fe. Tan antigua y tan nueva la vida se hizo presente, su aparente rigidez mortuoria anticipaba la entrega redentora.
El mancillado esqueleto del mugriento despidió la armadura de telas encimadas, llagando las partes más recónditas, sangrándolo como cuchillas enterradas en el aire, no alcanzaba el viento para restañar las heridas, entonces él era la sangre a derramarse... y ella la copa.